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Corrió el año 1894 cuando el Ministro de Obras Públicas cedió a la Junta de la Parroquia de San Bartolomé los terrenos donde habría de construirse la actual Iglesia Parroquial. Las obras comenzaron en 1906 y se concluyeron seis años más tarde. De entonces hasta la actualidad, muchas obras puntuales se han realizado, pero, en lo esencial, la iglesia es la de principios del siglo XX. ¿Aún antes de entrar, no nota nada extraño en esta iglesia? Por supuesto! Ciertamente ya notó que la puerta está orientada hacia el nacimiento, y la cabecera, con el altar mayor, volcada a poniente. Exactamente a diferencia de lo que es costumbre en las iglesias. En el interior puede admirar los cuadros que representan la vía sacra, dispuestos en las paredes laterales. También vale la pena observar los varios nichos y altares, con sus imágenes. Volvamos al exterior. El adro puede parecerle vasto, si lo visita en un día normal, pero imagínelo en día de fiesta, lleno de romeros y peregrinos.

Es precisamente el 24 de agosto que tiene lugar anualmente la romería en honor de San Bartolomé, y en ella integrado el tradicional "Baño Santo". A decir verdad, la "fiesta" comienza dos días antes, con la Feria del Lino. Hoy en día, esta feria ya vende de todo y poco lino, pero le quedó el nombre. Pero todavía encontrará muchos de los objetos tradicionales y artesanales, expuestos y comercializados por los quioscos de la feria. El día siguiente es más de arraial, a la minhota, con la música, la fiesta, el fuego de artificio, un campamento que en poco se distingue de otros de esta región. Pero el día 24, ese sí, es un día especial. A la misa se sigue la procesión de andadores hasta la playa y la bendición de las aguas. Y, a lo largo de toda la jornada, el tradicional "Baño Santo". El ritual más antiguo incluiría también el uso de agua benta, en un roque o arroyo desviado de la Capilla unos cientos de metros, pero actualmente el "Baño Santo" es y sólo de agua salada, en plenas olas atlánticas. Vayan al "Baño Santo" principalmente niños de tierna edad. En las manos de un baño experimentado en estas andanzas, se sumergen en las aguas, en un ritual entre lo profano y el cristiano, que pretende purificar preventivamente por acción del Océano. Después del baño, hay que ir a ofrecer al Santo un gallo negro. Será difícil, en un día que no el de la fiesta, imaginar el bullicio, la algarra infantil y la cacofonía galinácea que recorren la playa y las calles. Al final del día los gallos son subastados y el producto revierte para la propia fiesta. Si no vino a San Bartolomé un día 24 de agosto, marque en su agenda, y venga para el año. Siga la pista popular que dice:

Mi amor pide a tu padre
Que yo también pido a mi
El día 24 de agosto
Vamos a San Bartolomé

La Iglesia Vieja de Mar fue, durante largos siglos, la matriz de la parroquia. Pero del templo primitivo, probablemente una pequeña ermita, ya sólo queda la memoria documental. La iglesia que actualmente existe datará del siglo de quinientos, habiéndose ampliado doscientos años y en función del crecimiento de la población de la parroquia. Con la inauguración de la actual Iglesia Parroquial de San Bartolomé, la Iglesia Vieja fue abandonada. Por mediados del siglo XX estaba en un terrible estado de descuido y ruinas. Techos tumbados, silvados dentro y fuera, arcos y paredes semi-derribados ... una miseria. Pero los locales no se conformaron con esta situación y se pusieron manos a la obra. En cuatro años la iglesia reencontró un aspecto decente. Fue reabierta al culto el 23 de agosto de 1954, y el párroco prometió que una vez al mes se rezaría misa en esta iglesia. Pero la degradación volvió y, a finales del siglo, una nueva y profunda intervención fue necesaria. Pero las marcas de un pasado antiguo permanecen y resisten a todas estas intervenciones. Si tiene un poco de tiempo, busque en las piedras de las paredes de la iglesia marcas de albañil. Vaya a ver que encuentra algunos verdaderamente interesantes.

El menir detrás de la Iglesia Parroquial, está ciertamente en un ambiente muy diferente de aquel que lo rodeaba cuando fue clavado. Este menir tiene más de 2 metros de altura, desde el suelo, y presenta grabados que pueden sugerir una figura antropomórfica, pero muy incipiente. Los menires serían monumentos megalíticos relacionados con cultos de fertilidad, o marcas simbólicas de territorios. Su época, para esta región de la Península Ibérica, data de finales del Neolítico hasta la Edad del Bronce. Son, normalmente, coeves de otros monumentos megalíticos - las antas o dólmenes - estos de carácter funerario. Es interesante comprobar que, no va desde hace muchos años, la tradición popular de la región afirmaba que el menir, o "patrón", como es conocido, no podría ser retirado del lugar donde se encontraba: allí estaba, protegiendo las tierras, si fuera retirado, el mar invadía los campos ahora fértiles, esterilizándolos para la agricultura.