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Gemeses

El Cávado aquí es ancho, con aguas tranquilas y esprayadas por las márgenes bajas, parece un lago, realmente. Mientras no se hizo un puente sobre el río, éste era uno de los mejores lugares de paso, desde los remotos tiempos romanos, pasando por los medievales, en los que peregrinos en peregrinaje se desplazaban a Santiago de Compostela. Para ello, la "barca" ligaba las dos orillas en un vacío constante, como había gente para atravesar. En ambos márgenes había barqueros, que atendían a los pedidos de los viajeros, de cualquier condición social. Cuando D. Manuel I fue en peregrinación a Compostela, pasó en esta barca, que era la única forma razonable de atravesar el Cavado.

El lugar es tan apacible que las casas nobles aquí se fijaron. Había residencias de familias azotadas en una y otra orilla. Alrededor del Lago había actividad todo el año. Más recientemente, la Barca del Lago perdió su función, cuando el puente transpuso el Cavado facilitando el paso de personas y mercancías. Pero ganó otro atractivo, cuando el ocio y los deportes náuticos pasaron a la vida cotidiana de tantos de nosotros. Por las extraordinarias condiciones que ofrece, la Barca del Lago es un lugar muy buscado, tanto en las márgenes como en las aguas del Cávado. ¿Qué le parece un paseo de canoa, río arriba, en un deslizamiento suave en el que puede contactar directamente con la naturaleza?

Según la leyenda, iba caminando el siglo XIII de la Era de Cristo, en una red que unos pescadores recogían apareció una imagen de Nuestra Señora. Esta aparición creó burbujas en las cercanías y del espanto de las gentes a ser llamada a la imagen "Nuestra Señora del Lago" fue un instante. Para agasajar la imagen de la Virgen, se le levantó una capilla en la margen derecha del río, de donde pasó a proteger a los viandantes que piadosamente volvían al norte, al sepulcro del Santo de Compostela. También para el abrigo de estos peregrinos se edificó, en la misma orilla del río, un albergue, donde era posible descansar una noche, después de haber tenido éxito cruzando el Cávado, en la Barca del Lago. Cuenta la tradición que, después de la aparición de la Virgen, los barqueros del Cávado, en este lugar, y por agradecimiento a la protección que de la Señora recibían, pasaron a no cobrar paso a quien fuese. Había barqueros de ambos lados, siempre listos al pedido de los peregrinos o de los pasantes. Dice la tradición oral que se "pasaba por Dios", bajo la protección de la Virgen. Pero los barqueros de la Barca del Lago vivían como los demás hombres, y se habían de alimentar, y mantener la Barca, por eso los pueblos de las parroquias alrededor estipularon pagos, en alimentos, en madera y otros bienes, para sustento de dichos barqueros y mantenimiento de la Barca. Había también la fiesta, a principios de agosto. Y toda la fiesta tiene comer y tiene beber. Alrededor de la ermita de la Señora del Lago, la reunión era grande y la merienda compartida entre todos. Estas son tradiciones comunales, como otras que pueblan nuestro norte, pero con la especial diferencia de dirigir su bien a extraños, a pasantes, a quienes no pertenece al "pueblo" de la región. Hoy ya no puede atravesar el Cávado en la Barca del Lago, pero puede, de estos márgenes magníficos, aprovechar la naturaleza en uno de sus mejores rincones.

La actual capilla dedicada a la Señora del Lago es una construcción de final de la Época Moderna, después de reforma sufrida en el año 1930. El culto de Nuestra Señora del Lago es bastante anterior, seguramente remontando al siglo XIII, hecho atestado a través de una cantiga de amigo del trovador Fernão do Lago, que menciona la Fiesta de la Señora ese año. Este edificio de planta rectangular revela una fachada simple, orientada al oeste. Sobre la puerta principal ostenta un ocular oval, coronado por un panel de azulejo donde figura la Virgen del Lago. A la izquierda, una lápida en la que es posible leer la fecha de 1732. Es otro dato para hacer retroceder esta capilla hasta la centuria setecentista. En el sur del sur, hay una pequeña campana con arco de vuelta entera, que remata en cruz. En el interior del templo se destaca la imagen de Nuestra Señora, cuya técnica popular le propone una cronología para finales del siglo XVI, así como una pila, de recorte románico, que habrá venido de la iglesia parroquial. En la época de las invasiones francesas, a finales del siglo XIX, la capilla sirvió de carnicería a las tropas invasoras de entonces.

Las Alminhas de la Barca son un conjunto elegante de granito, con nicho de razonables dimensiones de forma rectangular y arco de vuelta perfecta, cuya construcción se remonta al siglo XVIII. En el interior un retablo de madera donde está representado, entre otras imágenes, Cristo Crucificado flanqueado por Nuestra Señora del Carmen y Santo António. En la parte inferior del panel se puede leer la siguiente leyenda: "Oh vosotros que pasáis recordáis / De nosotros que estamos penando". En sus inmediaciones habrá existido una antigua posada.

El Solar de los Gayos, sobre el remanso de aguas del Cávado, perteneció a José Machado Paes de Araújo Felgueiras Gayo. En uno de sus cuñas se puede observar una piedra de armas asentada en cartela decorativa del siglo XVIII, con heráldica de familia y timbre de coronel de nobleza.

El Solar de los Machados, a la pariente de este último, detiene, a encubrir el imponente portal que accede a la casa del de los Machado, el escudo de familia indicando que esta "casa" perteneció a los descendientes de los Machados, Mirandas, Pereyras y Villas-Boas, familias de altos linajes en el municipio y en la región. En principio del siglo XIX, en la época de las invasiones francesas, el solar sirvió de cuartel general a las tropas de Soult.