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Rio Tinto

En los tumultuosos tiempos de la Reconquista, cuando ejércitos musulmanes y cristianos disputaban palmos de territorio, se libró una batalla en las márgenes del Cávado, más precisamente sobre un arroyo que le es afluente, donde ahora existe el Marachão del Abade.

En la suerte de la batalla llevaban de vencida a los cristianos y, cuando los moros ya retiraban, fueron perseguidos y trucidados. Fue tal la matanza que el arroyo se teñió de sangre y de ahí el nombre de la parroquia: Río Tinto. Esta es la leyenda, pero la explicación para el nombre del lugar y del arroyo bien puede ser buscada en otra razón: la actividad de minería de oro en estos lugares usaba las aguas de los arroyos para el lavado del mineral. Y ese aluvión, llevado por las aguas, debería azotarlas.